06/03/2023
La imagen de La Catrina es inconfundible. Con su elegante vestido de época, su sombrero emplumado y su característica sonrisa esquelética, se ha convertido en el rostro más reconocible del Día de Muertos en México y en el mundo. Cada mes de noviembre, su figura adorna altares, desfiles y disfraces, encarnando la mezcla de reverencia y humor con la que la cultura mexicana aborda la muerte. Sin embargo, detrás de este ícono global se esconde una historia mucho más reciente y sorprendente de lo que la mayoría imagina, un viaje que la llevó del anonimato y la sátira social a la fama internacional, impulsada por artistas, exposiciones y un toque de casualidad.

El Padre de la Calavera: José Guadalupe Posada
Para entender a La Catrina, primero debemos conocer a su creador, José Guadalupe Posada. Este talentoso grabador mexicano, nacido en 1852 y fallecido en 1913, fue un prolífico artista que trabajó principalmente para la prensa de la época. Sus grabados, a menudo impresos en periódicos de una sola hoja y de bajo costo conocidos como "broadsides" o "hojas volantes", llegaban a un público amplio, principalmente entre las clases populares y trabajadoras de México.

Posada es especialmente célebre por sus "calaveras", ilustraciones de esqueletos y cráneos a menudo representados en situaciones cotidianas o satíricas. Estas figuras esqueléticas se convirtieron en un sello distintivo de su trabajo, utilizadas para comentar sobre la política, la sociedad y la vida en general con un humor mordaz y una perspectiva única sobre la muerte, que ya formaba parte de la tradición mexicana, especialmente en el contexto del Día de Muertos.
Sus calaveras no eran simplemente imágenes lúgubres; eran personajes vivos, bailando, montando a caballo, bebiendo o participando en eventos sociales, siempre con un tono crítico o divertido. Posada no vivió para ver la magnitud del impacto que su obra tendría en el futuro, falleciendo en la pobreza y relativamente desconocido para el gran público.
El Nacimiento de la "Garbancera"
En 1912, poco antes de su muerte, Posada creó un grabado que, con el tiempo, se convertiría en su obra más famosa. Esta ilustración presentaba un esqueleto femenino, elegantemente ataviado con un sombrero de copa ancha adornado con plumas, muy a la moda francesa de la época. Sin embargo, en el grabado original, esta figura no se llamaba La Catrina.
Su nombre original era Calavera Garbancera. Este término, "garbancera", se utilizaba en el México de principios del siglo XX para referirse de manera despectiva a las mujeres indígenas de origen humilde que renegaban de sus raíces y trataban de aparentar ser europeas o de clase alta, maquillándose el rostro con polvos blancos y vistiendo a la moda francesa. La Calavera Garbancera de Posada era una sátira directa a esta actitud, una crítica a quienes negaban su identidad cultural en busca de estatus social.
La ilustración fue publicada en una hoja volante, vendida por unos pocos centavos, como muchas otras obras de Posada. En su momento, la Calavera Garbancera no tuvo una relevancia especial; era una más de las muchas calaveras satíricas creadas por el artista. Permaneció en la oscuridad, al igual que gran parte del trabajo de Posada y el propio Posada, durante varios años tras su fallecimiento.
Del Olvido al Descubrimiento
La obra de Posada, incluida la Calavera Garbancera, tuvo una especie de "vida después de la muerte" gracias a su editor, quien continuó reutilizando sus grabados en nuevas publicaciones durante la década de 1920. Fue en este período cuando el trabajo de Posada captó la atención de un grupo de artistas e intelectuales que formarían parte del Renacimiento Mexicano, un movimiento cultural posrevolucionario que buscaba afirmar la identidad nacional a través del arte.
Entre ellos destacaba el artista francés Jean Charlot, radicado en México, quien quedó fascinado por las calaveras que veía impresas. Charlot se propuso descubrir al autor de estas singulares ilustraciones y, tras investigar, localizó al editor de Posada. Comenzó a publicar artículos sobre el grabador, presentándolo a otros influyentes artistas e intelectuales de la época, como el pintor Diego Rivera y la escritora y editora estadounidense Frances Toor.
Frances Toor, a través de su revista bilingüe "Mexican Folkways", que coeditaba con Diego Rivera como director artístico, se convirtió en una gran promotora de la obra de Posada. A partir de 1925, comenzaron a reimprimir sus calaveras en las ediciones de octubre-noviembre, coincidiendo con el Día de Muertos. Sin embargo, la Calavera Garbancera no apareció inicialmente en estas selecciones, considerada quizás no lo suficientemente relevante.
El punto de inflexión llegó en 1930, cuando Toor y Rivera publicaron el primer libro dedicado exclusivamente a los grabados de Posada. Fue en este libro donde la Calavera Garbancera hizo su aparición, pero con un nombre nuevo: Calavera Catrina. El término "catrín" o "catrina" se utilizaba en ese entonces para referirse a una persona, especialmente de clase alta, que se vestía de forma elegante y ostentosa, un dandy. Al renombrarla así, Toor y Rivera la asociaron con la idea de la elegancia y la vanidad, reinterpretando o ampliando la sátira original de Posada. A partir de entonces, la figura sería conocida para siempre como La Catrina.
La Explosión de Fama: La Exposición de Chicago
A pesar del reconocimiento en círculos artísticos e intelectuales, La Catrina aún no era un ícono popular. Su verdadera ascensión a la fama internacional ocurrió en 1944, de una manera inesperada. El Instituto de Arte de Chicago organizó la primera gran exposición en Estados Unidos dedicada a la obra de Posada, titulada "Posada: Printmaker to the Mexican People". Esta exposición, financiada en parte por una agencia de propaganda del gobierno estadounidense como parte de la diplomacia cultural durante la Segunda Guerra Mundial para fortalecer lazos con América Latina, generó un interés sin precedentes.
Miles de personas se agolparon en las escaleras del museo para la inauguración, creando un caos que llegó a los titulares. La gente estaba desesperada por ver el arte de Posada. Y entre todas sus obras expuestas, una calavera en particular captó la atención: La Catrina. Una gran impresión de ella colgaba en el muro, apareció en los materiales promocionales del museo y, de manera crucial, fue la imagen de portada del catálogo de la exposición.
El catálogo se vendió en cada parada de la exposición itinerante (que viajó a Nueva York, Filadelfia, Ciudad de México y otras ciudades) y se distribuyó a importantes artistas y autores de ambos países. Esta exposición y su catálogo catapultaron a La Catrina del relativo anonimato a la prominencia internacional. Lo que en México era una figura poco conocida, se convirtió en una sensación en Estados Unidos, y esa fama rebotó de vuelta a México, donde comenzó a ser reconocida y celebrada a gran escala.
Inmortalizada en el Arte: El Mural de Rivera
La nueva popularidad de La Catrina se consolidó aún más gracias a la intervención de Diego Rivera. En 1947, Rivera la inmortalizó de manera destacada en uno de sus murales más célebres, "Sueño de una Tarde Dominical en la Alameda Central". Este monumental fresco, que retrata la historia de México desde la Conquista hasta la Revolución, coloca a La Catrina en el mismísimo centro de la composición.
En el mural, La Catrina aparece de la mano de José Guadalupe Posada a un lado y de un joven Diego Rivera al otro. Esta posición central, flanqueada por el creador y el artista que la llevó a la fama masiva, la elevó al estatus de símbolo nacional. La inclusión por parte de Rivera le otorgó una gravedad y una importancia cultural que trascendieron su origen satírico.
La influencia del mural de Rivera fue enorme. Inspiró a generaciones de artistas mexicanos y mexicoamericanos a incorporar la figura de La Catrina en sus propias obras. Los artistas populares mexicanos comenzaron a crear figurillas de cerámica, papel maché y otras artesanías con su imagen, que se vendían especialmente durante las festividades del Día de Muertos. En Estados Unidos, durante el Movimiento Chicano de las décadas de 1960 y 1970, artistas mexicoamericanos utilizaron a La Catrina en murales, pinturas y carteles políticos, resignificándola como un símbolo de identidad cultural y resistencia.
La Catrina Hoy: Icono Global y Celebración Popular
Hoy en día, La Catrina es omnipresente durante el Día de Muertos. Su imagen se reproduce sin cesar en todo tipo de objetos, desde dulces y pan de muerto hasta ropa y decoración. Ha trascendido las fronteras del arte y se ha convertido en un fenómeno de la cultura popular y el comercio. Puedes encontrar disfraces de La Catrina en tiendas de todo el mundo, y su estética ha influido en el maquillaje artístico y las caracterizaciones para estas fechas.
La tradición de disfrazarse y maquillarse como La Catrina, que incluye elaborados diseños faciales que replican un cráneo elegante, es relativamente reciente, ganando popularidad en las últimas décadas tanto en México como en comunidades mexicanas en el extranjero. Los desfiles y concursos de Catrinas se han convertido en eventos importantes en las celebraciones del Día de Muertos.
La gente se viste de La Catrina por diversas razones: como una forma de honrar a los difuntos y participar activamente en la celebración, como una expresión artística a través del maquillaje y el vestuario, para ganar visibilidad en redes sociales, o incluso para fines comerciales, posando para fotos con turistas en lugares icónicos. Lo que comenzó como una sátira de la vanidad se ha transformado en un símbolo de identidad cultural, creatividad y la conexión entre la vida y la muerte.
¿Una Tradición Ancestral o Moderna?
Es común que la gente, especialmente fuera de México, perciba a La Catrina como un símbolo ancestral del Día de Muertos, tan antiguo como la festividad misma. Sin embargo, como hemos visto, su historia de prominencia es mucho más corta. La figura, tal como la conocemos y celebramos hoy, es el resultado de un proceso de creación artística, redescubrimiento, reinterpretación y popularización que tuvo lugar a lo largo del siglo XX.
Esto no le resta importancia ni autenticidad. La Catrina es un ejemplo fascinante de cómo los símbolos culturales evolucionan y se adaptan. Nació de una tradición mexicana (las calaveras satíricas de Posada y la crítica social), fue rescatada y renombrada por intelectuales y artistas, y su fama global fue impulsada por eventos culturales internacionales. Se ha integrado tan profundamente en la celebración del Día de Muertos que ya se siente inseparable de ella, una adición vibrante y significativa a una tradición milenaria.
Preguntas Frecuentes sobre La Catrina
Aquí respondemos algunas dudas comunes sobre este emblemático personaje:
¿Quién creó a La Catrina y cuándo?
La figura original, la Calavera Garbancera, fue creada por el grabador mexicano José Guadalupe Posada en 1912. Fue renombrada como Calavera Catrina por Frances Toor y Diego Rivera en 1930.
¿Cuál era el significado original de La Catrina?
Inicialmente, como Calavera Garbancera, representaba una sátira de las mujeres indígenas que intentaban negar sus raíces y adoptar costumbres europeas para aparentar ser de clase alta. Con el cambio de nombre a Catrina, se asoció más ampliamente con la crítica a la vanidad y la ostentación, recordando que, al final, todos somos esqueletos bajo la ropa elegante.
¿Por qué se hizo tan famosa La Catrina?
Su fama explotó a nivel internacional gracias a la exposición de la obra de Posada en el Instituto de Arte de Chicago en 1944. Posteriormente, Diego Rivera la inmortalizó en su famoso mural "Sueño de una Tarde Dominical en la Alameda Central", consolidándola como un símbolo nacional y cultural.
¿Es La Catrina una tradición ancestral del Día de Muertos?
Aunque el uso de calaveras en el Día de Muertos tiene raíces antiguas, la figura específica de La Catrina, su nombre y su estatus como ícono central son desarrollos del siglo XX. La tradición de disfrazarse y maquillarse como ella es aún más reciente, popularizada en las últimas décadas.
Línea de Tiempo: El Ascenso de La Catrina
Un vistazo rápido a los momentos clave en la historia de La Catrina:
| Año | Evento | Significado para La Catrina |
|---|---|---|
| 1912 | José Guadalupe Posada crea la Calavera Garbancera. | Nacimiento de la figura original como sátira social. Permanece en la oscuridad. |
| Década de 1920 | Jean Charlot redescubre la obra de Posada; Rivera y Toor la promocionan. | Revalorización del trabajo de Posada en círculos artísticos e intelectuales. |
| 1930 | Frances Toor y Diego Rivera publican el libro de grabados de Posada y la renombran Calavera Catrina. | Primer reconocimiento en un libro y cambio de nombre que la define hasta hoy. |
| 1944 | Exposición "Posada: Printmaker to the Mexican People" en Chicago. | Punto de inflexión: La Catrina se convierte en una sensación internacional. |
| 1947 | Diego Rivera incluye a La Catrina en su mural "Sueño de una Tarde Dominical en la Alameda Central". | Consolidación como símbolo cultural y nacional, elevada a un estatus icónico. |
| Finales del Siglo XX - Actualidad | Popularización en artesanías, mercancía, disfraces y maquillaje de Día de Muertos. | Se convierte en el ícono global del Día de Muertos, adoptada por la cultura popular. |
Conclusión
La historia de La Catrina es un fascinante recordatorio de cómo los símbolos culturales pueden nacer de la crítica social y evolucionar a través del arte, la difusión y la apropiación popular hasta convertirse en iconos queridos y reconocidos mundialmente. Desde la Calavera Garbancera de Posada, nacida para satirizar la vanidad y la negación de la identidad, hasta La Catrina que hoy adorna altares y rostros maquillados en el Día de Muertos, su viaje refleja la rica complejidad de la cultura mexicana y su particular relación con la muerte. Más que un simple disfraz de Halloween, La Catrina es una figura cargada de historia, arte y significado, un esqueleto elegante que nos recuerda la universalidad de la muerte con una sonrisa y un sombrero emplumado.
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