20/12/2017
Recientemente, la reconocida artista Mon Laferte ha estado en el centro de la atención en el ámbito artístico chileno. A raíz de ciertas críticas sobre la extensión de una exposición de su obra plástica en el Parque Cultural de Valparaíso, y acusaciones de un supuesto trato preferencial, la cantante y pintora decidió romper el silencio y compartir públicamente los detalles más íntimos y dolorosos de su historia de vida. Lejos de evadir la polémica, Mon Laferte ofreció un testimonio crudo y honesto que revela las profundas batallas personales que ha enfrentado a lo largo de los años, tanto en su infancia como en su camino hacia el éxito, incluyendo serios problemas de salud.

En un emotivo video y texto compartido en sus redes sociales, la artista planteó una pregunta fundamental sobre el arte y la identidad: “¿cómo se gana una el derecho de llamarse artista?”. Reflexionando sobre su propia trayectoria, marcada por la falta de formación académica formal, Mon Laferte destacó cómo la necesidad fue su principal maestra. “Yo no fui a la universidad y no tengo título de artista, ni de catedrática ni de ná, pero la necesidad te enseña a ser más creativa, a arreglártelas y a no pedir permiso”, afirmó, sugiriendo que pedir permiso en su contexto vital probablemente le habría costado la vida.

Un Pasado de Dolor y Sacrificio
El relato de Mon Laferte se sumerge en los episodios más oscuros de su juventud, exponiendo una serie de experiencias traumáticas que marcaron su desarrollo. Desde una edad muy temprana, la artista enfrentó situaciones límite. “Fui violada a los 7 años”, reveló, un hecho devastador que se sumó a un entorno difícil. La adolescencia trajo consigo más desafíos y la incursión en el mundo de las adicciones como un escape o una consecuencia de su realidad. A los 11 años, confesó haber empezado a “tomar, fumar cigarro y consumir marihuana”, y a los 13, probó la pasta base.
Pero los abusos no terminaron en la infancia. Mon Laferte relató que desde los 13 hasta los 18 años fue víctima de explotación por parte de un hombre que era 20 años mayor que ella y se presentaba como su manager. Este individuo, según su testimonio, se quedaba con la mitad de sus ingresos mientras ella se ganaba la vida cantando en diversos escenarios informales: “en la calle, en bares, en los micros, en circos”. Durante este periodo, a pesar de su corta edad y las difíciles condiciones, también tuvo que asumir responsabilidades familiares significativas. Se hizo cargo de su abuela, quien quedó postrada tras sufrir un derrame cerebral. Mon Laferte compartía que en las noches salía a cantar para poder comprar pañales y cubrir otras necesidades básicas. La falta de recursos era tal que incluso aprendió a coser sus propios vestidos para sus actuaciones, una muestra temprana de su creatividad y resiliencia.
La Televisión y Nuevos Abusos
A los 18 años, Mon Laferte encontró una aparente oportunidad en la televisión, un medio que para ella representó una “salvación”. Sin embargo, esta etapa, que duró cinco años, también estuvo marcada por el abuso y el acoso. Relató haber sido acosada por un productor musical, sufrir besos a la fuerza en varias ocasiones y ser denigrada con comentarios despectivos como “puta sin talento”. A pesar de la humillación, aguantó la situación por necesidad económica, utilizando sus ingresos para ayudar a su familia. Finalmente, encontró el valor para dejar esa situación y buscar un nuevo rumbo, con 23 años y unos pocos ahorros.
La Migración a México y la Lucha por Sobrevivir
Con “4 palos” (una suma de dinero) que había logrado juntar, Mon Laferte decidió emigrar a México a los 23 años, buscando una oportunidad para salir adelante, sin contactos ni ayuda. Esta nueva etapa, aunque la alejó de los abusos pasados, no estuvo exenta de dificultades y peligros. Sus primeros años en México coincidieron con un periodo complicado de crimen organizado, obligándola a “salir escapando un par de veces de algún antro en Veracruz” por seguridad. Durante ocho largos años, continuó cantando covers en bares para subsistir, ganando apenas lo suficiente para vivir y, en ocasiones, enviar dinero a su familia en Chile. A pesar de las adversidades, esta etapa fue crucial para forjar su carácter y su arte.
Las Batallas de Salud Más Severas: Cáncer, Parálisis y Más
Uno de los aspectos más impactantes del testimonio de Mon Laferte es la revelación de problemas de salud graves que enfrentó en su camino, los cuales han dejado secuelas duraderas. Años antes de alcanzar el éxito masivo, fue diagnosticada con cáncer de tiroides. Esta enfermedad requirió una intervención quirúrgica que se realizó en el sistema público de salud. La operación, aunque aparentemente exitosa en la remoción del cáncer, tuvo consecuencias severas en su cuerpo y su carrera.

Como resultado de la cirugía, Mon Laferte sufrió una parálisis facial que afectó el lado derecho de su rostro, dejándola sin poder moverlo durante dos meses. Aunque el tiempo ha pasado, la artista confiesa que esta secuela aún le pasa la cuenta, pues no siente ese lado de la cara. A esto se sumó un grave problema con su voz: casi la perdió después de la operación. El médico le indicó que no podría cantar durante seis meses para recuperarse adecuadamente. Sin embargo, la necesidad económica la empujó a desafiar el consejo médico y, a los apenas dos meses de la cirugía, ya estaba de vuelta cantando en los bares. Tuvo que “aprender a cantar de nuevo”, un proceso arduo y doloroso que demuestra su determinación inquebrantable a pesar de los obstáculos físicos.
Pero las luchas de salud de Mon Laferte no se limitaron a lo físico. En su relato, también abordó abiertamente sus batallas con la salud mental. Confesó haber sufrido una profunda depresión, llegando a intentar quitarse la vida en dos ocasiones. Además, habló con valentía sobre su lucha contra el alcoholismo. Describió un punto crítico en el que los temblores causados por la abstinencia eran tan severos que necesitaban darle comida en la boca y no podía vestirse sola. A pesar de la gravedad de esta situación, a las dos semanas logró levantarse y volver a trabajar, aunque todavía “empastillada y aún con depresión”, una imagen cruda de su lucha interna y su impulso por seguir adelante.
El Arte como Refugio y Salvación
En medio de tantas dificultades, Mon Laferte encontró en el arte un refugio y una forma de procesar su dolor. Aunque la música era lo que le permitía subsistir, la pintura y el bordado se convirtieron en un escape vital. “Yo pinté y bordé y lloré mientras pintaba”, compartió, revelando cómo estas disciplinas la “salvaban de toda la mierda que tuve que pasar”. Curiosamente, su inmersión en el mundo del arte visual fue tardía y ajena a los círculos académicos tradicionales. Visitó un museo por primera vez en México a los 30 años, sintiendo que no pertenecía a ese mundo que veía lejano.
A pesar de haber publicado ocho discos exitosos y haber creado “más de mil obras como artista plástica”, Mon Laferte confesó seguir sintiéndose como una “intrusa” en el mundo del arte, especialmente en el ámbito más formal o académico. Se refirió a sí misma, con cierta ironía, como una “burguesa, una nueva rica”, reconociendo que, a pesar de su posición actual, siente que no pertenece ni pertenecerá nunca a ciertos círculos. Entiende las críticas de quienes provienen de la formación académica y confiesa que ella misma a veces duda de su propio arte, llegando a pensar que “todo mi arte es una mierda”. Esta auto-duda no se limita a su faceta artística, sino que se extiende a otros roles, como el de madre, una manifestación de la creencia internalizada de que “no valía”, algo que le dijeron repetidamente en el pasado. Sin embargo, a pesar de las dudas, sigue adelante, impulsada por su capacidad de trabajar y su profundo amor por el arte, al que considera lo único que le ha “salvado la vida”.
Un Mensaje de Resiliencia y Reivindicación
El testimonio de Mon Laferte, provocado por la crítica, se transformó en una poderosa reivindicación de su lugar en el mundo del arte y en una lección de resiliencia. No busca ocupar el espacio de nadie, pero tampoco se disculpará por ocupar el suyo, ganado a pulso a través de años de lucha, superación de abusos, enfermedades y adversidades. Concluyó su relato con una afirmación contundente: “Aquí tienen mi historia y ¿saben qué? Si esto se trata de meritocracia, entonces yo me lo merezco todo”. Su historia es un recordatorio de que el camino hacia el éxito y la realización personal a menudo está pavimentado con dificultades inimaginables, y que la verdadera valía de un artista no siempre se mide por títulos académicos, sino por la capacidad de transformar el dolor y la experiencia en obra, y por la pura determinación de sobrevivir y crear.
Preguntas Frecuentes sobre la Salud y Vida de Mon Laferte
- ¿Qué enfermedad grave tuvo Mon Laferte?
- Según su propio relato, Mon Laferte fue diagnosticada con cáncer de tiroides y tuvo que ser operada.
- ¿Qué consecuencias tuvo la operación de cáncer de tiroides?
- La cirugía le causó una parálisis facial temporal en el lado derecho de su rostro y casi la dejó sin voz, requiriendo que reaprendiera a cantar.
- ¿Sufrió Mon Laferte problemas de salud mental?
- Sí, la artista ha hablado abiertamente sobre haber sufrido depresión, intentos de suicidio y alcoholismo, con síntomas de abstinencia severos.
- ¿A qué edad enfrentó los primeros abusos según su testimonio?
- Mon Laferte reveló haber sido violada a los 7 años y sufrir abuso y explotación por un manager desde los 13 hasta los 18 años.
- ¿Cómo influyó el arte en su proceso de superación?
- Mon Laferte afirmó que, aunque la música era su sustento, la pintura y el bordado la ayudaron a sobrellevar sus traumas y dificultades, considerándolos algo que la “salvó”.
- ¿Qué otras adversidades tempranas enfrentó?
- Desde muy joven, Mon Laferte tuvo que cantar en la calle, bares, micros y circos para ganarse la vida, cuidar de su abuela postrada y aprender a coser sus propios vestidos por falta de recursos.
- ¿Tuvo problemas en su etapa en televisión?
- Sí, durante los cinco años que trabajó en televisión, denunció haber sido acosada por un productor musical y recibir tratos denigrantes.
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