05/09/2018
La creación del moderno Estado de Israel en el siglo XX es un tema de profunda complejidad histórica, a menudo reducido a explicaciones simplistas. Si bien la conexión con antiguos reinos judíos en la misma área hace miles de años sienta una base fundamental, la realidad es una intrincada red de eventos históricos, movimientos poblacionales y factores geopolíticos que convergieron para dar forma a la nación actual.

Raíces Antiguas: Reinos y Exilios Forzados
La justificación histórica principal para la creación del Israel moderno se basa en la existencia de reinos judíos en la misma área miles de años antes de su establecimiento en 1948. Aunque los detalles de los eventos bíblicos pueden ser difíciles de corroborar completamente con otras fuentes, es un hecho histórico que, de forma intermitente y durante varios siglos, existió un reino judío a lo largo de la costa oriental del Mediterráneo.
Específicamente, alrededor del siglo IX a.C., existieron dos entidades políticas judías importantes: el Reino de Israel y el Reino de Judá. Sin embargo, la ubicación estratégica de esta región la hizo vulnerable a las ambiciones expansionistas de los imperios vecinos. Estos reinos fueron sucesivamente conquistados, controlados y, en última instancia, destruidos por potencias extranjeras. Uno de los ejemplos más notables y destructivos fue la expansión del Imperio Neobabilónico, que llegó a controlar gran parte de la región de la Media Luna Fértil. Esta expansión no estaba dirigida exclusivamente contra el pueblo judío; fueron uno más de los muchos pueblos afectados por el avance de este poderoso imperio.
Posteriormente, los romanos se apoderaron de la región en el año 63 a.C., convirtiéndola en un estado cliente. Bajo el dominio romano, aquellos que no adoraban a los dioses romanos a menudo enfrentaron persecución. La región oriental del Mediterráneo, hogar de algunas de las civilizaciones más grandes y ricas de la época, era un objetivo muy deseable para el Imperio Romano en expansión hacia el este. Esta deseabilidad hizo extremadamente difícil para los pequeños reinos o entidades judías mantener cualquier tipo de autonomía frente a las constantes invasiones y el control externo.
Las consecuencias del dominio romano fueron severas. Dos grandes revueltas judías contra el poder romano, la última de las cuales concluyó en el año 135 d.C., resultaron en una diezmación a gran escala de la población judía en Judea y el fin efectivo de cualquier forma de autogobierno territorial judío en el sur del Levante durante muchos siglos venideros.
Dispersión y la Búsqueda de un Refugio Seguro
Tras la pérdida de la soberanía y la dispersión forzada por los imperios, gran parte del pueblo judío vivió en la diáspora. Para escapar de la persecución y encontrar mejores oportunidades de vida, los judíos emigraron de forma constante del Mediterráneo Oriental a otras partes del mundo, notablemente a Europa. Allí, a menudo se organizaron en pequeñas comunidades dentro de las ciudades.

Para la Edad Media, la tierra ancestral ya había sido conquistada y controlada por nuevos poderes, como los Imperios Islámicos. En Europa, donde muchos judíos se habían asentado, inicialmente se pensó que los países cristianos podrían ofrecer una mayor aceptación. Sin embargo, la historia demostró lo contrario. Al ser casi siempre una minoría religiosa y cultural, las comunidades judías en Europa eran frecuentemente culpadas de cualquier calamidad, crimen o enfermedad que ocurriera.
Esta situación llevó a que los asentamientos judíos fueran objetivo de ataques violentos y aleatorios. Además, los monarcas tenían el poder de expulsar a los judíos de sus ciudades o países con muy poco o ningún aviso. Ejemplos tristemente célebres de esto incluyen la expulsión de los judíos de Inglaterra en 1290 y la de España en 1492. En estas expulsiones, las propiedades judías eran confiscadas y sus hogares incautados. Esta historia de siglos de exilio, discriminación y persecución brutal en diversas partes del mundo alimentó un profundo deseo y una necesidad de encontrar o restablecer un hogar nacional seguro donde el pueblo judío pudiera ejercer la autodeterminación y vivir libre de la amenaza constante.
El Camino hacia el Estado Moderno: Inmigración y Desarrollo
A pesar de los siglos de dispersión, la conexión histórica, cultural y religiosa con la tierra ancestral nunca se perdió por completo. A finales del siglo XIX y principios del XX, impulsado por el creciente antisemitismo en Europa (incluyendo los pogromos en Rusia) y el surgimiento del movimiento sionista, comenzó un proceso de retorno conocido como Aliyah (ascenso). Esta inmigración no fue simplemente un movimiento de personas, sino un esfuerzo consciente por reconstruir una presencia judía en la tierra y, eventualmente, establecer un hogar nacional.
La Primera Guerra Mundial trajo consigo un cambio significativo en el control de la región. Palestina, que había sido parte del Imperio Otomano desde 1516, fue tomada por las fuerzas británicas en 1918. El posterior establecimiento del Mandato Británico sobre Palestina por parte de la Liga de las Naciones fue crucial. Aunque el Mandato tenía complejidades y generó conflictos, permitió y, en cierta medida, facilitó la continuación de la inmigración judía. Bajo el Mandato Británico, las instituciones judías autónomas, como la Histadrut (la federación de trabajadores) y la Knéset (que se convertiría en la asamblea legislativa), pudieron desarrollarse y fortalecerse.
El crecimiento de la población judía a través de la inmigración y el establecimiento de numerosos nuevos asentamientos fueron fundamentales. Estas instituciones y la infraestructura desarrollada durante el período del Mandato Británico fueron esenciales para la eventual declaración de independencia. El 14 de mayo de 1948, en medio de un contexto internacional complejo tras el Holocausto (que para 1960 representaba el 25% de la población israelí), se proclamó el establecimiento del Estado de Israel. La creación del estado fue, por lo tanto, la culminación de siglos de historia, el impulso de un movimiento nacional y las oportunidades (y desafíos) presentados por el contexto geopolítico del siglo XX.

¿Quiénes son los Ciudadanos de Israel Hoy?
Una pregunta común es si todos los israelíes son judíos. La respuesta es no. El término "israelí" se refiere a la nacionalidad o ciudadanía del moderno Estado de Israel. Ser israelí es una identidad cívica, no necesariamente religiosa o étnica. La población del país es notablemente diversa.
Según los datos disponibles, la población de Israel está compuesta principalmente por judíos y árabes, que representan la gran mayoría. Los judíos constituyen aproximadamente el 75% de los ciudadanos, mientras que los árabes (que incluyen musulmanes, cristianos y drusos) representan alrededor del 20%. El 5% restante incluye una variedad de otras minorías étnicas y religiosas, así como personas no clasificadas por religión.
Esta diversidad se refleja en los orígenes de la población judía, que incluye una mezcla de judíos nacidos en Israel (sabras) e inmigrantes de Europa, América, Asia, África y países de Medio Oriente. Entre la población árabe, hay palestinos que permanecieron dentro de las fronteras de Israel tras 1948, beduinos (principalmente en el Néguev y Galilea) y drusos (concentrados en el norte).
Otros grupos minoritarios mencionados en la población israelí (ciudadanos o residentes) incluyen maronitas, coptos, arameos, asirios, africanos hebreos israelitas (una comunidad religiosa), armenios, circasianos, así como inmigrantes de la antigua Unión Soviética (tártaros, georgianos, rusos, ucranianos, bielorrusos elegibles por la Ley del Retorno), finlandeses y vietnamitas que llegaron como refugiados. También hay comunidades samaritanas en Holon y el Monte Gerizim.
Composición Poblacional Aproximada de Israel (según datos de 2013/2014)
| Grupo Principal | Porcentaje Aproximado de la Población Total |
|---|---|
| Judíos | 75% |
| Árabes (Musulmanes, Cristianos, Drusos) | 20% |
| Otros (incluyendo no clasificados por religión) | 5% |
La diversidad cultural y lingüística es una característica definitoria de Israel. Aunque el hebreo y el árabe son los idiomas oficiales, se hablan muchas otras lenguas debido a la historia de inmigración, incluyendo ruso, inglés, yiddish, español, ladino, amárico, armenio, rumano y francés. El inglés es ampliamente utilizado como segunda lengua.

Preguntas Clave sobre los Orígenes y la Población de Israel
Comprender la creación de Israel a menudo implica abordar varias preguntas fundamentales:
¿Cuál fue la verdadera razón de la creación de Israel?
La razón es multifacética. Se fundamenta en la conexión histórica del pueblo judío con la tierra de Israel, que data de miles de años y la existencia de antiguos reinos judíos. Sin embargo, la creación del estado moderno en 1948 fue también una respuesta directa a siglos de persecución, discriminación y exilio forzado que las comunidades judías sufrieron en la diáspora, culminando en el Holocausto. El movimiento sionista buscó activamente establecer un hogar nacional judío seguro. Este objetivo se hizo viable en el siglo XX debido a la inmigración (Aliyah) y al contexto político creado por el Mandato Británico, que permitió el desarrollo de instituciones judías que sentaron las bases para el estado.
¿A quién perteneció originalmente la región de Israel?
La historia de la posesión de esta tierra es una sucesión de dominios. En la antigüedad, existieron reinos judíos. Sin embargo, tras su destrucción, la región fue controlada por una serie de imperios poderosos a lo largo de los siglos, incluyendo el Imperio Neobabilónico, el Imperio Romano, diversos imperios islámicos (desde el siglo VII en adelante), el Imperio Otomano (desde 1516 hasta 1918) y, finalmente, el Imperio Británico bajo el Mandato de Palestina (1918-1948). La tierra no ha "pertenecido" a un único poder o pueblo de forma continua a lo largo de toda la historia.
¿Cómo llegaron los israelitas a vivir en esta área?
Los "israelitas" originales son los pueblos antiguos de los reinos de Israel y Judá, cuya conexión con la tierra se describe en textos históricos y religiosos. Tras la destrucción de sus reinos y la represión romana, una gran parte de la población judía fue forzada al exilio (la Diáspora), aunque una presencia judía, aunque a menudo minoritaria, persistió en la región a lo largo de los siglos. La población del moderno Estado de Israel está compuesta por los descendientes de esta presencia histórica y, crucialmente, por las sucesivas olas de inmigración judía (Aliyah) que regresaron a la tierra ancestral a partir de finales del siglo XIX, buscando un hogar nacional y huyendo de la persecución en otras partes del mundo.
¿Son todos los israelíes judíos?
No, ser israelí se refiere a la ciudadanía del Estado de Israel. Aunque la mayoría de los ciudadanos de Israel son judíos (aproximadamente el 75%), el país tiene una minoría árabe significativa (alrededor del 20%), compuesta por musulmanes, cristianos y drusos. Además, hay otras minorías pequeñas y grupos diversos que forman parte de la población israelí. Israel es un estado con una población multiétnica y multirreligiosa.
En conclusión, la creación del Estado de Israel en 1948 no fue el resultado de una única causa, sino la convergencia de la profunda conexión histórica del pueblo judío con la tierra ancestral, la urgente necesidad de un refugio seguro frente a siglos de persecución y el contexto político global que, tras la Primera Guerra Mundial y el Holocausto, permitió la materialización del proyecto sionista de establecer un hogar nacional. Es un estado moderno con una población diversa, cuya historia sigue siendo un tema de estudio y debate continuo.
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