22/03/2020
En el vasto universo de TikTok, una influencer sonríe a la cámara, sus párpados adornados con purpurina, mientras asegura que se maquilla "para las compañeras". Siguiendo su tutorial, una pausa se cierne sobre mis manos. ¿Es realmente así? En mi recorrido por el mundo del maquillaje, he notado una tendencia recurrente: influencers que proclaman a los cuatro vientos ser fervientes feministas, afirmando que todo el esfuerzo invertido en su apariencia física no tiene nada que ver con una sociedad sexista. Esta aparente "feminismo" choca de frente con la esencia de su profesión: usar su belleza para vender más productos de belleza. Esta paradoja nos lleva a la gran pregunta: ¿por qué hay tanta insistencia en pintar el maquillaje como una práctica feminista?

El Maquillaje y el Feminismo: Un Vistazo Histórico
Para entender el debate actual, es crucial mirar atrás. El maquillaje se incorporó al movimiento feminista en la década de 1990, en pleno auge del movimiento "girl power". Fue una época de reclamación de costumbres tradicionalmente asociadas a lo femenino. El rosa volvió a estar de moda, y elementos como el lápiz labial dejaron de ser vistos únicamente como herramientas de seducción para convertirse en símbolos que representaban tanto la feminidad como la fuerza.
Surgió el concepto del "feminismo del lápiz labial" (lipstick feminism), que promovía el uso del maquillaje como una forma de expresión femenina personal, haciéndolo por la propia felicidad y satisfacción de la usuaria, y no para la aprobación del público masculino o de terceros.

¿Es el Maquillaje Pura Autoexpresión? Cuestionando la Narrativa
Sin embargo, esta narrativa de "girl boss" y autosuficiencia resulta difícil de sostener sin un análisis más profundo. El maquillaje es, por su propia naturaleza, un cambio cosmético temporal. Es un producto diseñado para alterar la apariencia física. Su esencia es, literalmente, superficial; no puede afirmar ser una expresión pura del ser sin la influencia de una mirada externa, que históricamente y socialmente ha sido la mirada masculina.
Las influencers de belleza, con su énfasis en la belleza como expresión feminista, generan confusión. Desde el maquillaje convencionalmente "bonito" hasta el maquillaje supuestamente "anti-hombre" (definido por cejas decoloradas, delineados atrevidos o sombras brillantes), estas tendencias de maquillaje a menudo siguen funcionando dentro de los límites de lo que a los hombres les gusta o disgusta, o como una reacción directa a ello.
Más Allá del Sexismo: El Maquillaje como Espacio Cultural y la Ansiedad
Pero, ¿es correcto balancearse al lado opuesto del péndulo y calificar al maquillaje de inherentemente sexista? Tampoco parece ser el término adecuado. El maquillaje encarna un espacio cultural significativo y, en muchas sociedades, es considerado casi un rito de paso, marcando la transición entre una adolescente y una adulta.
Si bien es imposible ignorar cómo las chicas experimentan históricamente mayores ansiedades relacionadas con el cuerpo en comparación con los chicos, reducir el maquillaje únicamente al sexismo internalizado es una simplificación excesiva. Hablar de sexismo implica que el único problema es la disparidad en el uso del maquillaje entre hombres y mujeres. Sin embargo, a medida que más hombres han comenzado a usar maquillaje, diversos estudios han encontrado que ellos también experimentan un aumento en las ansiedades sociales y relacionadas con el cuerpo. Esta brecha de género se está cerrando en términos de uso y ansiedad, pero tener una población en general más insegura y ansiosa no es igualdad; ¡solo exacerba el problema central!
El Verdadero Problema: La Industria Capitalista y la Manipulación
Considerar el maquillaje como inherentemente feminista o sexista desvía la atención del verdadero meollo del asunto. En lugar de esas etiquetas, debería ser considerado exactamente lo que es: una industria capitalista basada en la alteración de la apariencia física. El maquillaje apareció y floreció porque existía una demanda. Las personas deseaban mejorar su apariencia, por diversas razones sociales, culturales o personales, y los proveedores respondieron a esa necesidad.
Sin embargo, la situación se ha retorcido drásticamente con la sobreexplotación y el consumismo exacerbado. Vemos a generaciones jóvenes, como la Gen Z y la Generación Alpha, accediendo a las redes sociales a edades sin precedentes, con casos de "Sephora Teens" usando productos potentes antes de la pubertad, y la generación anual de 120 mil millones de unidades de basura provenientes de los desechos interminables del maquillaje. Esto deja claro que el consumo desmedido ha pervertido el simple intercambio de oferta y demanda.
En la interminable horda de influencers de TikTok y anuncios publicitarios, el maquillaje se ha convertido en una industria próspera que se beneficia directamente de las inseguridades del cuerpo humano. Etiquetarlo como sexista o feminista solo oculta el problema real: permitir que la industria del maquillaje te manipule para obsesionarte con cada pequeña imperfección, forzándote a comprar 14 productos que "necesitas", pero que, en realidad, no harán una diferencia significativa en tu vida.
Conclusión: Reenfocando la Conversación
Al final del día, la pregunta no debería ser si puedes ser feminista y usar maquillaje, ni si el maquillaje es intrínsecamente bueno o malo. La conversación debe centrarse en cómo la industria del maquillaje, en su búsqueda de ganancias, explota las inseguridades y promueve un ciclo de consumo desmedido. Ser conscientes de esto y cuestionar nuestras propias motivaciones al comprar y usar maquillaje es quizás el acto más relevante en este contexto, más allá de cualquier etiqueta.
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