02/11/2021
Aunque a menudo se debate el uso de cosméticos para realzar la apariencia femenina en la época medieval, existe una cantidad considerable de evidencia que respalda la existencia y el uso de maquillaje durante este período. Contrario a la creencia popular, las mujeres medievales sí utilizaban diversas sustancias para modificar y embellecer su apariencia, siguiendo las tendencias de moda de su tiempo y, a veces, enfrentando debates sobre la respetabilidad de tales prácticas.

La moda medieval dictaba ciertos ideales de belleza. Por ejemplo, la piel pálida era altamente deseada, a menudo combinada con cejas depiladas, una línea de cabello alta y una frente redonda. Las mejillas sonrosadas también eran un signo de belleza y salud, lo que sugiere el uso de colorete. Estatuas de la época, como una datada en 1350, muestran mujeres con un maquillaje evidente: piel pálida, cejas finas y un rubor notable en las mejillas. Si bien podríamos pensar que esto era solo una idealización artística, los registros escritos de la época confirman el uso generalizado de cosméticos.

Buscando la Piel de Porcelana: Bases y Blanqueadores
El ideal de la piel pálida, libre de imperfecciones y bronceado (que indicaba trabajo al aire libre, propio de clases bajas), llevó a las mujeres a buscar formas de blanquear su tez. Las investigaciones sugieren que las mujeres en Inglaterra, por ejemplo, se 'pintaban la cara de blanco'.
Se utilizaban diversas sustancias para lograr este efecto. La harina de trigo era una opción común y relativamente segura. El texto menciona el uso de 'blaunchet' o harina de trigo. Una receta del siglo XIII del libro L'ornement des Dames describe un método para crear un maquillaje blanco a base de harina:
Hay un maquillaje blanco muy fácil de hacer. Pon trigo muy puro en agua durante quince días, luego muélelo y mézclalo en el agua. Cuela a través de un paño y deja que cristalice y se evapore. Obtendrás un maquillaje que será tan blanco como la nieve. Cuando quieras usarlo, mézclalo con agua de rosas y extiéndelo sobre tu cara, que primero ha sido lavada con agua tibia. Luego seca tu cara con un paño.
Esta receta, aunque laboriosa, proporciona un método relativamente natural para blanquear la piel. Sin embargo, también se utilizaban cosméticos con plomo, una sustancia altamente tóxica, para lograr el mismo efecto blanqueador. Aunque el texto no profundiza en los peligros del plomo, su mención indica la disposición a usar ingredientes potencialmente dañinos en la búsqueda de la belleza.
Otras opciones incluían ingredientes botánicos. Se creía que la raíz de la azucena de la Virgen (Madonna lily) blanquearía la cara. La investigación también sugiere que la raíz de lirio molida se usaba como polvo facial. El Compendium Anglicus de 1240, escrito por Gilbertus Anglicus, recomienda la raíz de ciclamen para este propósito.
Los Ojos en la Edad Media: ¿Delineados o Desnudos?
Aunque la tecnología para producir delineador de ojos y sombras de ojos estaba disponible (como lo demuestra su uso en la antigüedad por egipcios y mujeres españolas, y más tarde por mujeres Rus en el siglo X), parece que la moda en la Alta Edad Media dictaba una apariencia diferente para los ojos.
Pinturas y esculturas de este período, como la mencionada en el texto, a menudo muestran mujeres con ojos pálidos y sin adornos, y con las cejas fuertemente depiladas. Esto sugiere que, a pesar de que se conocían y usaban productos para los ojos en otras culturas o períodos, la tendencia dominante en la Alta Edad Media parece haber sido la de dejar los ojos relativamente naturales o, al menos, sin el uso de delineadores o sombras llamativas. La atención se centraba más en la palidez de la piel y la forma de las cejas y la frente.
Cuidado y Color para los Labios: Bálsamos y Tintes
Para los labios, los tratamientos más comunes parecen haber sido los bálsamos y las tinturas. Estos productos no solo buscaban embellecer, sino también cuidar y proteger los labios del agrietamiento.
Una receta para un bálsamo labial medieval, descrito como una 'grasa de olor dulce que evitará que los labios y las manos se agrieten y los hará húmedos y suaves', proviene del libro Secrets of Don Alessio Piemontese, publicado en 1557 (aunque la receta podría ser anterior). La receta es compleja y requiere varios pasos:
Toma 12 onzas de sebo fresco y 6 onzas de mejorana y muélelas juntas. Forma bolas y rocíalas con buen vino. Luego ponlas en algún recipiente y séllalo bien para que el olor de la mejorana no escape. Coloca a la sombra durante 24 horas y luego pon en agua. Cocina lentamente, luego cuela. Este proceso debe repetirse 4 o 5 veces, siempre añadiendo otras 9 onzas de sebo. Finalmente, se puede añadir un poco de almizcle o civeta.
Esta receta ilustra la sofisticación (y a veces los ingredientes inusuales para los estándares modernos) de los cosméticos medievales. El uso de sebo como base grasa y la mejorana por su aroma y posibles propiedades curativas, junto con la adición de almizcle o civeta como perfumes, muestra que los bálsamos labiales no eran meros colorantes, sino productos multifuncionales.
También parece haber existido el uso de tintes labiales para dar color, aunque el texto no proporciona detalles específicos sobre sus ingredientes o métodos de aplicación.

El Encanto Rosado: El Colorete Medieval
Las mejillas sonrosadas eran un signo de juventud, salud y vitalidad, y las mujeres medievales utilizaban el colorete o rubor para lograr este efecto, contrastando con la palidez deseada para el resto del rostro.
Los ingredientes para fabricar 'polvo rojo de damas' incluían principalmente las hojas molidas de angélica (Angelica archangelica). Las flores secas del cártamo (Carthamum tinctorius) también se utilizaban en la elaboración de colorete.
La popularidad del colorete era tal que incluso se menciona en la literatura de la época. Un poema de un monje de Montaudon de 1180-1215 d.C. describe cómo las estatuas de las iglesias se quejan a Dios de que 'no queda suficiente pintura para adornarlas debido a todas las damas que usan colorete y crema'. Esto, aunque humorístico, subraya el uso generalizado y quizás excesivo de estos productos.
El Compendium Anglicus de 1240 también ofrece una receta para un tinte rosado para las mejillas: virutas de palo de Brasil (brazilwood chips) remojadas en agua de rosas daban un tinte claro y rosado que podía frotarse en las mejillas. El agua de rosas no solo servía como disolvente, sino que también aportaba un agradable aroma, un detalle importante en una época donde la higiene no siempre era óptima.
Debates sobre la Respetabilidad del Maquillaje
El uso de cosméticos no estaba exento de controversia. Las opiniones sobre la respetabilidad de maquillarse variaban, incluso entre miembros del clero. Generalmente se sentía que no era un estado deseable, a menudo asociado con la vanidad o el engaño.
Sin embargo, se hacían excepciones. Se mencionaba que las mujeres que habían sido afligidas por enfermedades y, por lo tanto, se habían vuelto poco atractivas, podían ser excusadas del pecado de la vanidad por usar cosméticos. La idea era que el maquillaje podía ser una forma de 'corregir' los estragos de la enfermedad y hacer que la mujer fuera presentable nuevamente.
Además, el deseo de no repeler a otros o a sus maridos se consideraba una excusa aceptable para el embellecimiento. Tomás de Aquino, al ser cuestionado sobre el uso de cosméticos por parte de las mujeres, concedió a regañadientes que una mujer que se hacía lo más atractiva posible para su marido para que él no cayera en el pecado del adulterio no cometía pecado. Sin embargo, advirtió que una mujer no debía hacerse tan hermosa como para atraer a los maridos de otras mujeres, lo que añadía una capa de juicio moral al acto de maquillarse.
Estos debates reflejan la tensión entre el deseo humano de embellecerse y las restricciones morales y religiosas de la época. El maquillaje era visto como una herramienta poderosa, capaz tanto de restaurar la apariencia como de tentar al pecado.
Más Allá del Maquillaje: Herramientas de Aseo Medievales
El cuidado personal en la Edad Media iba más allá de los cosméticos aplicados al rostro. Un canto francés del siglo XIII, descrito en Love Lock'd Out, A Survey of Love, Licence and Restriction in the Middle Ages por James Cleugh, menciona a un vendedor ambulante que lleva a la venta una amplia gama de herramientas de aseo y cosméticos.
Entre los artículos que vendía se encontraban: navajas, pinzas, espejos, cepillos de dientes y palillos de dientes, bandaus (posiblemente cintas para el cabello), rizadores, cintas, peines, agua de rosas, algodón con el que se aplicaban colorete y blanqueador con el que se blanqueaban. Esta lista revela que existía un mercado vibrante para productos y herramientas de cuidado personal, indicando que el aseo y la apariencia eran importantes para las personas de la época, o al menos para aquellas que podían permitírselo.

La disponibilidad de herramientas como cepillos de dientes y palillos de dientes sugiere una preocupación por la higiene bucal, aunque los métodos y materiales diferirían de los modernos. Los rizadores y peines, junto con las cintas y bandaus, apuntan a la importancia del peinado y la ornamentación del cabello como parte del arreglo personal.
Preguntas Frecuentes sobre el Maquillaje Medieval
¿Era común que las mujeres medievales se maquillaran?
Sí, a pesar de algunos debates morales, la evidencia histórica (registros escritos, recetas, representaciones artísticas) sugiere que el uso de cosméticos era bastante común entre las mujeres medievales, especialmente entre las clases que podían acceder a ellos.
¿Qué ingredientes usaban en sus cosméticos?
Utilizaban una variedad de ingredientes, tanto naturales como minerales. Para blanquear la piel, usaban harina de trigo, raíz de lirio, raíz de ciclamen y, peligrosamente, cosméticos a base de plomo. Para el colorete, usaban hojas de angélica, flores de cártamo y palo de Brasil. Los bálsamos labiales se hacían con sebo, mejorana y a veces almizcle o civeta.
¿El maquillaje medieval era seguro?
No siempre. Mientras que algunos ingredientes como la harina de trigo o el agua de rosas eran relativamente seguros, el uso de plomo para blanquear la piel era tóxico y perjudicial para la salud a largo plazo.
¿Los hombres también se maquillaban en la Edad Media?
El texto proporcionado no contiene información sobre si los hombres se maquillaban en la Edad Media. Se centra exclusivamente en el uso de cosméticos por parte de las mujeres.
¿Cómo aplicaban el maquillaje?
Las recetas y descripciones sugieren métodos variados. Las bases blanqueadoras se mezclaban con líquidos como agua o agua de rosas y se aplicaban sobre la piel limpia. El colorete se aplicaba frotando tintes o polvos. Tenían herramientas como algodón y esponjas (implícitas en el proceso de aplicación).
¿Por qué la piel pálida era un ideal de belleza?
La piel pálida indicaba que una persona no trabajaba al aire libre bajo el sol, lo que era propio de las clases bajas (campesinos). Por lo tanto, la palidez se asociaba con la nobleza, la riqueza y un estatus social elevado.
¿Qué otras herramientas de aseo usaban aparte del maquillaje?
Además de los cosméticos, utilizaban herramientas como navajas, pinzas, espejos, cepillos de dientes, palillos de dientes, peines, rizadores y diversos accesorios para el cabello como cintas y bandaus.
En conclusión, la Edad Media, lejos de ser una época desprovista de cuidado personal, fue un período donde las mujeres (y posiblemente otros, aunque el texto no lo detalla) se esforzaban por cumplir con los estándares de belleza de su tiempo utilizando una variedad de cosméticos y herramientas. Desde las bases blanqueadoras que buscaban la etérea piel pálida hasta los vibrantes pigmentos del colorete, el maquillaje era una parte integral de la apariencia femenina, reflejando tanto las tendencias de moda como los complejos debates sociales y morales de la época.
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