29/03/2024
El siglo XVIII fue una época de gran opulencia y artificio, y el maquillaje jugó un papel central en la expresión de la belleza y el estatus social. Lejos de la sutileza moderna, el maquillaje de esta era era audaz, visible y, en ocasiones, sorprendentemente peligroso. La apariencia ideal se caracterizaba por un contraste marcado: una piel extremadamente pálida que servía como lienzo para unos labios y mejillas intensamente coloreados. Este look no solo seguía la moda, sino que también comunicaba riqueza y distinción, ya que una tez pálida sugería una vida de ocio en interiores, ajena al trabajo al aire libre que bronceaba la piel de las clases bajas.

Aunque la información proporcionada se centra principalmente en el siglo XVIII y compara el uso del colorete con el siglo XVII, también ofrece un vistazo a prácticas de siglos anteriores que influyeron o contrastaron con la moda de la época. Sin embargo, nuestro enfoque principal aquí será desentrañar los secretos de belleza específicos que definieron el look del siglo de las luces.

El Protagonista Indiscutible: El Colorete
Si hubo un producto que definió el maquillaje del siglo XVIII, ese fue sin duda el colorete (o rouge). Su uso era mucho más significativo y generalizado en este periodo que en el siglo XVII. Se aplicaba generosamente tanto en las mejillas como en los labios, creando un efecto dramático y altamente visible.
El colorete estaba disponible en diversas formas para adaptarse a las preferencias y técnicas de aplicación: se encontraba en formato líquido, en crema y en polvo seco. Esta variedad permitía a las usuarias elegir la textura y el acabado deseado.
En cuanto a los colores, la paleta se centraba principalmente en los rojos y rosas, aunque también existían tonos rojizos más marrones. Los tonos predilectos eran los rojos brillantes, los rosas y los rojos con matices fríos o cálidos. Se desaconsejaban los tonos marrones o albaricoque, buscando siempre un color vibrante y notorio en el rostro.
La aplicación del colorete en las mejillas era una parte crucial del ritual. Se aplicaba de forma generosa, cubriendo una parte considerable de la mejilla. Las formas de aplicación más comunes eran un círculo distintivo en el centro de la mejilla o una forma triangular invertida. Ambas buscaban crear un punto focal de color intenso que contrastara con la palidez de la piel.
Pigmentos: Entre la Belleza y el Peligro
La composición del colorete podía variar enormemente, y no todos los ingredientes eran seguros. Se utilizaban diversos pigmentos rojos, algunos de los cuales eran francamente peligrosos para la salud. Entre los ingredientes tóxicos se encontraban el bermellón (un pigmento a base de mercurio) y el minio (un tipo de plomo rojo). El uso prolongado de estos compuestos podía tener consecuencias graves para la salud, incluyendo envenenamiento.
Afortunadamente, también existían opciones más seguras. El carmín, derivado de un insecto cochinilla, era una fuente de pigmento rojo relativamente segura y muy apreciada. La raíz de alkanet, proveniente de una planta, y el ocre rojo, un pigmento mineral natural, también se utilizaban como alternativas más seguras. Esta dualidad en los ingredientes subraya el riesgo inherente en las prácticas de belleza de la época.
Labios al Estilo del Siglo XVIII
Como mencionamos, el colorete también se utilizaba en los labios. Si el colorete para mejillas era seguro para su uso labial (es decir, no contenía pigmentos tóxicos como el mercurio o el plomo), se aplicaba directamente. De lo contrario, se utilizaban labiales específicos en tonos similares a los del colorete.

El ideal de belleza para la boca era tener unos labios pequeños. Sin embargo, no hay indicaciones claras en la información proporcionada de que los labios se pintaran deliberadamente más pequeños de lo que eran en realidad. Parece que el enfoque estaba más en el color y la forma general de la boca que en alterar su tamaño percibido a través del maquillaje.
Las Cejas y la Mirada
Las cejas también formaban parte del maquillaje del siglo XVIII, aunque quizás con menos énfasis que el colorete. La práctica común era oscurecer las cejas. Esto se lograba típicamente utilizando un lápiz de ojos de color negro para rellenar y definir la forma natural de la ceja.
Similar a los labios, no hay evidencia contundente de que las cejas se borraran por completo para ser repintadas en una posición más alta en la frente, aunque esta técnica pudo haber sido empleada en el teatro para lograr un efecto dramático y exagerado. En general, se buscaba una ceja definida y oscura que enmarcara la mirada.
Maquillaje para el Escenario
El maquillaje teatral en el siglo XVIII podía ser más extremo que el de uso diario. Si el maquillaje estaba destinado al escenario, se utilizaba el mismo lápiz negro para delinear los ojos. Además, los párpados se pintaban con sombras de ojos mates en tonos verdes o azules, creando un look mucho más intenso y visible desde la distancia.
Contexto: La Piel Pálida como Ideal
Aunque la información sobre cómo se lograba la palidez extrema se asocia más explícitamente con el siglo XVI y el uso de ingredientes tóxicos como la cerusa (una mezcla de plomo blanco y vinagre), es importante recordar que el ideal de una piel muy clara persistió en el siglo XVIII. Esta palidez era un símbolo de estatus, indicando que la persona no necesitaba trabajar al sol y podía permitirse llevar una vida de ocio. Si bien el texto no detalla los métodos específicos del siglo XVIII para lograr esta palidez (aparte de sugerir que la base blanca era el lienzo para el colorete), la búsqueda de una tez inmaculada era fundamental para el look de la época, a pesar de los riesgos para la salud asociados a algunos de los productos utilizados en siglos anteriores.
Tabla Comparativa: Aplicación del Colorete
| Forma de Aplicación | Descripción | Efecto Visual |
|---|---|---|
| Forma Redonda | Aplicado en forma de círculo en el centro de la mejilla. | Crea un punto focal de color, da un aspecto de "manzana" en la mejilla, muy visible. |
| Forma Triangular Invertida | Aplicado en forma de triángulo con la base ancha hacia la parte superior de la mejilla y el vértice apuntando hacia abajo. | Puede ayudar a contornear ligeramente el rostro, distribuye el color en una área más amplia pero definida. |
Preguntas Frecuentes sobre el Maquillaje del Siglo XVIII
- ¿Cuál era el producto de maquillaje más importante en el siglo XVIII?
- Sin duda, el colorete (rouge) era el producto estrella, utilizado generosamente en mejillas y labios.
- ¿Qué colores de colorete eran populares?
- Los tonos principales eran los rojos brillantes, rosas y rojos con matices fríos o cálidos. Se evitaban los tonos marrones o albaricoque.
- ¿El maquillaje de la época era seguro?
- No siempre. Algunos pigmentos utilizados en el colorete, como el bermellón (mercurio) y el minio (plomo), eran altamente tóxicos. Sin embargo, también existían alternativas más seguras como el carmín, la raíz de alkanet y el ocre rojo.
- ¿Cómo se maquillaban las cejas?
- Se oscurecían principalmente con un lápiz negro para definirlas. No hay mucha evidencia de que se borraran para redibujarlas más arriba en la frente, excepto quizás en el teatro.
- ¿Se maquillaban los ojos para el día a día?
- La información proporcionada sugiere que el maquillaje de ojos más elaborado (delineado negro, sombras verdes/azules) era más característico del maquillaje teatral, no necesariamente del uso diario general.
- ¿Se intentaba que los labios parecieran más pequeños?
- El ideal de belleza era tener una boca pequeña, pero no hay indicaciones claras de que se pintaran los labios para reducirlos visualmente. El enfoque estaba más en el color.
En resumen, el maquillaje del siglo XVIII era una declaración audaz. Una base pálida (aunque los métodos específicos de esta era para lograrla no se detallan en la fuente, sí se menciona como el lienzo), mejillas y labios intensamente coloreados con colorete vibrante, y cejas definidas componían el look distintivo de la época. Aunque algunos ingredientes eran peligrosos, la búsqueda de la belleza y la expresión de estatus a través del maquillaje era una práctica extendida y fundamental en la sociedad del siglo XVIII.
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